Metales pesados son aquellos cuya densidad es por lo menos cinco veces
mayor que la del agua. Tienen aplicación directa en numerosos
procesos de producción de bienes y servicios.
Estos elementos se presentan en diferente estado de oxidación en agua,
aire y suelo y presentan diversos grados de reactividad, carga iónica y
solubilidad en agua. Una forma opcional de nombrar a este grupo es como “elementos
tóxicos”. Los metales pesados se encuentran en forma natural en la corteza
terrestre, pero se pueden convertir en contaminantes si su distribución en el ambiente
se altera mediante actividades humanas. La inadecuada disposición de residuos metálicos ha ocasionado la
contaminación del suelo, agua superficial y subterránea y de ambientes
acuáticos.
Algunos metales pesados y su simbología:
Arsénico (As), Cadmio (Cd), Cobalto (Co), Cromo (Cr), Cobre (Cu), Mercurio (Hg), Níquel (Ni), Plomo (Pb), Estaño (Sn) y Cinc (Zn).
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